El entrenamiento con inestabilidades

Siguiendo con mi slogan “ 10 años en la élite dan para mucho” quiero abarcar el tema: el entrenamiento con inestabilidades. Todos conocemos su aplicación por la gran mayoría de los profesionales que se dedican a la actividad física y a la rehabilitación, pero;

¿Sabemos el beneficio que suponen el entrenamiento con inestabilidades?

O… ¿nos hemos dejado llevar por las modas de que cuanto más inestable mejor y más funcional? Puede que el gran culpable sea el mal llamado entrenamiento funcional, porque tendríamos que saber que es funcional y para qué persona es funcional o no un ejercicio, pero está temática ya se tratara en otra entrega…  🙂

El proceso de entrenamiento nunca debería de empezar aplicando ejercicios sobre bases o artilugios móviles, puesto que lo realmente  importante es ver cómo se mueve el cuerpo humano en su plano estable. Cuando la persona tiene un correcto control motor de las articulaciones relacionadas con un determinado movimiento, entonces ya sería planteable añadir ciertas inestabilidades para enriquecer el patrón motor adquirido.

Una vez que el ejercicio se convierte en funcional porque se realiza con una correcta función articular, es decir, el sistema está estable, tendríamos que determinar cuál es la progresión más recomendable y esta va a depender del nivel físico del deportista.

No es correcto empezar la casa por el tejado y sí seguir una ordenación de cimientos de abajo hacia arriba. En la aplicación de un ejercicio no es neurológicamente correcto -ni lógico- para el sistema nervioso empezar con inestabilidades y menos aún en planos de apoyo inestables. Recordad que para que exista una buena aplicación de fuerza se necesita un apoyo estable , si no, nunca podrá haber máxima tensión muscular. La frase de Arquimesas y su ley de la palanca :

“ Dame un punto de apoyo y moveré el mundo”.

Por lo tanto la ordenación correcta para llegar a un ejercicio global sería:

1.- Estabilizar cada articulación relevante del ejercicio global de forma analítica, es decir darle “función” al sistema de forma individual.
2.- Integrar esa articulación en un sistema global de forma analítica.
3.- Integrar el conjunto de articulaciones al ejercicio global.

Si se siguen estos pasos nos aseguramos que el sistema articular o los sistemas articulares definidos estén preparados para realizar un ejercicio global donde la musculatura trabaje orquestadamente, mediante las ordenes del sistema nervioso. Si esto es así, podremos decir que un ejercicio es funcional; de otra manera estaremos mal interpretando el término. La cuestión que el mundo del fitness y otros profesionales del deporte utilicen el término de entrenamiento funcional para todo aquello que no es sentado, o no viene precedido por alguna inestabilidad, es un grave error conceptual.

Además de esta progresión recomendada, tendríamos que definir que entendemos por entrenamiento de propiocepción y si realmente vale para todo. Hoy en día parece que sí que vale para todo, parece la pócima perfecta para curar y dar estabilidad a una articulación. De hecho, parece que el que no utilice trabajo en superficies inestables no está en la actualidad y que lejos de la realidad.  Esto será una gran propuesta cuando el sistema nervioso esté capacitado para dar respuestas a esas fuerza generadas por el plano inestable, mientras esto no ocurra será una pérdida de tiempo y lo único que lograremos será volver “loco” al sistema neuromuscular haciéndose fuerte el fuerte y débil el débil.

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