Henry Marsh

Varios años después de la Olimpiada de los Ángeles y antes de 1990, vi un reportaje sobre ella en Televisión. Estaba hecho -seguramente- por una compañía Américana, dado ese punto de valor y sacrificio que tanto les gusta, unido a ese sentimiento de barras y estrella tan característico atrajo mi atención…

  En él se narraba la vida de algunos deportistas, de como llegaron hasta allí y de los resultados que obtuvieron en  los Ángeles. Aquel documental nos sirvió de inspiración en momento difíciles. Recuerdo que lo grabé en una cinta VHS, pero como suele decirse, cuando se busca algo que necesitas no lo encuentras…ahora con internet he podido encontrar aquellos imágenes y recordar aquel tiempo con más intensidad.

De aquella gran Olimpiada, «los más veteranos»  recordaréis la llegada de la maratón de Gabriela Andersen… Youtube quita este video cada vez que lo ve por derechos de autor.. así que si no lo veis…es por eso.. cada X tiempo tengo que volver buscarlo hasta que otro usuario de youtube lo sube… 😉

Pero por alguna razón en concreto, me atrajo la historia del corredor Henry Marsh, corredor de 3000 metros vallas. Marsh era uno de los favoritos; había sido varias veces campeón americano, había quedado entre los primeros en varios campeonatos del mundo e incluso fue primero en los Campeonatos de Mundo de Roma (1981), pero fue descalificado por falta. Podríamos decir que fue un tipo al que la mala suerte el acompañaba pero que nunca se rindió…. Ademas podréis ver  muchas de las vicisitudes que este «abogado y atleta» tuvo si investigáis por internet…

Estos videos lo quitan de youtube y tengo que encontrar otro…

La forma que Marsh tenía de correr era muy peculiar y con cierto morbo de superación, como ocurre en las películas. Al principio de la carrera se situaba el último y empezaba a escalar posiciones poco a poco, para aproximadamente 3 vueltas antes del final hacer el ataque las primeras posiciones. En aquel reportaje sobre las Olimpiadas de Los Angeles, sin saber como acabaría la carrera, el narrador iba contando los problemas  que el atleta tuvo que enfrentar antes de la carrera, así como un poquito de su historia, donde la mala suerte le acompañó más de lo normal. Yo había seguido la Olimpiada pero no recordaba ni los 3000 metros obstáculo ni al corredor. El caso es que me impacto tanto la filosofía de este hombre  que sirvió de inspiración después de un suceso muy negativo que sufrió mi equipo.

En la temporada  89-90, mi equipo Maristas de Málaga,   intentaba por 5ª vez en mi caso, el ascenso a la máxima categoría del Balonmano Español: la División de Honor. Desde que era niño soñabamos que un equipo de Colegio – Málaga- pudiera conseguir semejante hazaña.  Ya en años anteriores nos quedamos también con la miel en los labios. Nuevas generaciones llegaron, chavales con el mismo objetivo, las mismas ilusiones, el mismo espíritu y que a la postre demostraron ser mucho mejores que nosotros.  Aquella temporada se confirmaba  el buen trabajo que la entidad hizo durante años gracias al esfuerzo conjunto de todos, y nos mantuvimos entre las primeras posiciones hasta el final.

En el último partido de liga nos jugábamos nuestro sueño, si ganábamos al Aviles, ascendíamos. Pitó el arbitro y «lo conseguimos. Fué un gran día, en nuestro pabellón de siempre, con nuestra gente y como no, nos fuimos como tantas veces después del partido juntos a celebrar la victoria; que en este caso fue un símbolo de superación por lo que supuso para un equipo de Colegio (Maristas) llegar a la elite del Balonmano Español.

Sin embargo, lo que pudo ser una de las celebraciones más recordadas, se convirtió en la decepción más inesperada que nuestras vidas hubieran podido recordar. Llevábamos celebrándolo desde el medio día y era ya de noche, cuando nos dieron la noticia: el ascenso le correspondía al Tres de Mayo (Canarias), y que nuestra interpretación del empate a puntos con este equipo por el ascenso les favorecía a ellos. Fue un mazazo y ni el  «puntazo» que ya llevamos algunos pudo amortiguar el impacto…

Si bien entrábamos en una complicada fase de ascenso donde teníamos que jugar contra 2 equipos -a priorí mas fuertes- porque venían de la División de Honor (Malaga Balonmano y Naranco)  y otro más de nuestra categoría (Caserio Vigon),no estaba todo perdido porque nuestro equipo nunca fue de los que se rinden facilmente…

De esos 4, sólo 2 estarían el año siguiente en División de Honor. Teníamos no sólo entrenar sino también levantar el ánimo. Psicologicamente es mas duro que te quiten lo que ya has obtenido, que luchar por lo que aun no has conseguido, ya que tienes la sensación mental de tener que empezar de nuevo. Todavía recuerdo las caras de mis compañeros al entrar en al vestuario. Juanjo, nuestro entrenador, conocedor de que lo primero  era recuperar el espíritu, nos sentó para que habláramos. Como ocurre en estas ocasiones y más después de un golpe tan duro, nadie se animaba a hablar. Yo recordaba las palabras de Henry Marsh después de aquella carrera : «No me consideraría un verdadero ganador si no me levantara después de las derrotas».  En aquel entonces no existía ni internet, ni vídeos de motivación, ni pócimas mágicas, solo el espíritu limpio de nuestra identidad, que afortunadamente era muy poderosa. No solo eramos un equipo muy unido, sin rivalidades ni envidias, sino que también eramos amigos  y eso se notaba dentro y fuera del campo. ERAMOS, Y ME ATREVERÍA A DECIR QUE SEGUIMOS SIÉNDOLO UN VERDADERO EQUIPO…

Quizás porque la vida volvió a golpearme, el destino ha querido que en estos últimos años me acuerde mucho del espíritu de Henry Marsh, verdadera lección de vida. No he llegado a encontrar aquel documental en VHS que  nos sirvió inspiración, pero sí la final de los 3000 Obstáculos  y algunos videos   sobre él que me han animado a escribir este artículo y compartirlo con mis compañeros de siempre. Por las marcas que hizo probablemente se mereció algo más de lo que obtuvo en su carrera deportiva, pero lo que es innegable que nunca se rindió y que su legado sigue vivo. Viendo su historia, creo que hubiera sido más justo alguna medalla de oro ya fuera en Campeonatos del Mundo y/o Olimpiada pero está claro que lo intentó con todas sus fuerzas.

La propia esencia de la vida, queramos  o no, nos lleva en determinadas ocasiones a la derrota y es en estos momento en los que tiene que salir el espíritu ganador que llevamos dentro. La derrota en la vida tiene caras diferentes al deporte, puede ser tu salud, pueden ser tus emociones, pueden ser tus finanzas, pero sea lo que sea siempre tenemos que levantarnos después de la caída, por que si no lo hacemos no nos podremos considerarnos verdaderos ganadores.

Si tenéis alguna historia similar o deseáis hacer un comentario serás bienvenido..

Añadir un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies
error: Content is protected !!